Factura proforma: qué es, para qué sirve y en qué se diferencia de una factura
La factura proforma es un documento provisional, sin valor fiscal ni contable, que detalla las condiciones de una operación antes de cerrarla. Funciona como un presupuesto con forma de factura: informa del precio y las condiciones, pero no genera IVA, no se declara y no permite deducir el impuesto. Te explicamos para qué sirve (presupuesto formal, anticipos, aduanas, financiación), qué datos debe llevar, cómo numerarla y por qué, cuando la operación se cierra, debes emitir la factura definitiva.

La factura proforma es un documento provisional, sin valor fiscal ni contable, que detalla las condiciones de una operación que todavía no se ha cerrado. Funciona como un presupuesto con forma de factura: informa al cliente del precio, los conceptos y las condiciones antes de que la venta se realice, pero no genera obligación de pagar ni de declarar IVA, no se anota en tus libros y no permite a nadie deducir el impuesto. No está regulada como "factura" en el Reglamento de facturación (Real Decreto 1619/2012), por eso debe identificarse siempre con la palabra "proforma" y llevar una numeración distinta a la de tus facturas reales. Cuando la operación se confirma, tienes que emitir la factura definitiva, que es la única que tiene efectos fiscales.
Mucha gente usa la factura proforma sin tener claro qué es exactamente, y de ahí nacen dos errores opuestos: creer que enviando una proforma ya has facturado (y por tanto declarar un ingreso que no toca), o cobrar contra una proforma sin emitir después la factura real. Ninguna de las dos cosas es correcta. Te explicamos qué es, para qué sirve de verdad y cómo usarla sin liarte con Hacienda.
Qué es una factura proforma (y qué no es)
Una factura proforma es un documento que anticipa cómo será una futura factura. Recoge los mismos datos que tendría la factura definitiva —quién vende, quién compra, qué se vende, a qué precio y con qué impuestos— pero se emite antes de que la operación se haya cerrado o cobrado. Su finalidad es puramente informativa y comercial: que el cliente vea con detalle qué le vas a cobrar y en qué condiciones, para que decida si acepta.
Lo que la proforma no es resulta igual de importante:
- No es una factura. No sirve como justificante fiscal de una venta ni de una compra.
- No es un documento contable. No se anota en el libro de facturas emitidas ni forma parte de tu contabilidad.
- No genera obligaciones tributarias. No hay que declarar el IVA ni el IRPF de una proforma, porque la operación aún no se ha producido a efectos fiscales.
Dicho de otro modo: la proforma es una propuesta formal, no una operación cerrada. Mientras solo exista la proforma, para Hacienda no ha pasado nada.
Para qué sirve: los usos habituales
Aunque no tenga valor fiscal, la factura proforma es una herramienta muy útil en el día a día de un autónomo o una pyme. Estos son sus usos más frecuentes:
- Presupuesto formal. Es su uso más común. Cuando quieres presentar a un cliente el detalle exacto de un pedido o un servicio, con aspecto de factura, la proforma transmite más formalidad que un presupuesto informal.
- Solicitar un anticipo. Si vas a pedir un pago por adelantado antes de empezar un trabajo o de servir un pedido, la proforma sirve para que el cliente sepa qué está pagando. Ojo: cuando cobres ese anticipo, sí nace la obligación de emitir factura por el importe cobrado.
- Comercio exterior y aduanas. En exportaciones fuera de la Unión Europea, la factura proforma es un documento habitual que la aduana pide para valorar la mercancía antes de la venta definitiva.
- Gestiones internas del cliente. Muchas empresas necesitan una proforma para tramitar la aprobación interna de una compra o para reservar presupuesto antes de dar el visto bueno.
- Solicitar financiación. A veces un banco o una entidad pide una proforma para justificar el destino de un préstamo o una línea de crédito antes de que la compra se haya materializado.
En todos estos casos, la proforma cumple su función sin comprometerte fiscalmente: estás informando o proponiendo, no facturando.
Por qué no tiene valor fiscal ni contable
La clave está en el Reglamento de facturación, el Real Decreto 1619/2012, que es la norma que regula qué es una factura y qué requisitos debe cumplir. Ese reglamento reconoce las facturas completas (ordinarias) y las simplificadas, pero no incluye la proforma como un tipo de factura oficial. Es decir, la proforma no es "factura" en sentido legal.
De ahí se derivan todas sus limitaciones:
- No devenga IVA. El IVA se devenga cuando se realiza la entrega del bien o la prestación del servicio (o cuando se cobra un anticipo), no cuando emites una proforma. Por eso una proforma no genera IVA que tengas que ingresar.
- No se deduce. Tu cliente no puede usar una proforma para deducirse el IVA soportado. Para eso necesita la factura definitiva.
- No va al modelo 303. El IVA de una proforma no se declara en el modelo 303 trimestral, porque no hay IVA devengado. Solo se declara el de las facturas reales.
- No es un ingreso. Emitir una proforma no significa que hayas ganado ese dinero. El ingreso se computa cuando se realiza la operación y se emite la factura correspondiente.
Esto no quiere decir que la proforma sea papel mojado: como documento tiene cierta validez jurídica, porque acredita que hubo una oferta con unas condiciones concretas. Pero jurídico no es lo mismo que fiscal: sirve como prueba de un acuerdo, no como justificante ante Hacienda.
¿La factura proforma lleva IVA?
Este es el punto que más dudas genera, y la respuesta honesta es "depende de cómo lo mires". Como la proforma anticipa una operación real, es habitual desglosar en ella el IVA que se aplicaría, para que el cliente vea el precio final que pagaría. En ese sentido, sí puede mostrar el IVA.
Pero ese IVA es informativo, no devengado. No lo ingresas, no lo declaras y el cliente no lo deduce mientras solo exista la proforma. Para evitar malentendidos, la práctica más segura es doble: desglosar el IVA a título orientativo y, a la vez, dejar escrito claramente en el documento que se trata de una factura proforma sin valor fiscal. Así el cliente conoce el importe total pero nadie puede confundir la proforma con una factura real.
Qué datos debe incluir una factura proforma
Al no ser un documento oficial, la proforma no está sujeta a los requisitos estrictos del artículo 7 del reglamento. Aun así, para que cumpla su función conviene que incluya, como mínimo:
- La palabra "PROFORMA" bien visible, para que no se confunda con una factura.
- Fecha de emisión y, si procede, un plazo de validez de la oferta.
- Datos del emisor (tu nombre o razón social y tu NIF).
- Datos del cliente (nombre y, si lo tienes, su NIF).
- Descripción de los bienes o servicios, con cantidades y precios unitarios.
- El desglose del IVA aplicable, indicado como informativo.
- El importe total.
- Una numeración diferenciada de la de tus facturas reales.
Ese último punto es importante: la proforma no debe consumir la numeración correlativa de tus facturas emitidas. Lo habitual es usar una serie propia (por ejemplo, PRO-2026-001) para que quede claro que no forma parte de tu registro de facturación.
Diferencias entre factura proforma, presupuesto y factura ordinaria
Los tres documentos se parecen, pero cumplen funciones distintas:
- El presupuesto es una estimación de precio, normalmente más informal y sin apariencia de factura. Sirve para que el cliente decida.
- La factura proforma es un presupuesto con forma de factura: más formal, con todos los conceptos detallados, pero igualmente sin valor fiscal. Es el paso intermedio.
- La factura ordinaria (o la simplificada, según el importe) es el documento definitivo, el que tiene efectos fiscales, se contabiliza, devenga IVA y sirve como justificante ante Hacienda.
La regla mental sencilla: presupuesto y proforma van antes de la venta; la factura va después, cuando la operación ya es real.
De la proforma a la factura definitiva: el paso que no puedes olvidar
Este es el error más caro. Una vez que el cliente acepta la proforma y la operación se realiza (o cobras el anticipo), estás obligado a emitir la factura definitiva. Es esa factura, no la proforma, la que:
- Se numera dentro de tu serie de facturas emitidas.
- Devenga el IVA que debes ingresar en tu declaración.
- Se anota en tus libros y se declara en tus modelos trimestrales.
- Debe cumplir los requisitos legales de facturación, incluida su generación a través de un programa que garantice la integridad de los registros en el entorno de Verifactu y la facturación electrónica.
Si más tarde detectas un error en esa factura definitiva, no se corrige con otra proforma: se corrige emitiendo una factura rectificativa, que es el documento previsto para eso.
Errores frecuentes con la factura proforma
- Creer que con la proforma ya has facturado. Enviar una proforma no cierra la operación a efectos fiscales. Si no emites después la factura real, tienes una venta sin facturar.
- Cobrar y no emitir factura. Si cobras contra una proforma (por ejemplo, un anticipo), nace la obligación de facturar por ese importe. La proforma no sustituye a la factura.
- Usar la numeración de tus facturas reales. La proforma debe llevar su propia serie. Si le pones el siguiente número de tu registro de facturas, ensucias tu numeración correlativa.
- No marcarla como proforma. Un documento con todos los datos de una factura pero sin la palabra "proforma" puede interpretarse como factura real, con las consecuencias fiscales que eso conlleva.
- Declarar el IVA de una proforma. No hay IVA que declarar mientras la operación no se realice. El IVA se declara con la factura definitiva.
Cuándo conviene consultarlo con una asesoría
La factura proforma es cómoda, pero se cruza con decisiones que sí tienen impacto fiscal: cuándo nace tu obligación de facturar, cómo tratar un anticipo cobrado, o cómo encajar todo esto en tus declaraciones de IVA e IRPF. Si trabajas con clientes particulares y empresas a la vez, o si haces operaciones con el extranjero, los matices se multiplican. Una asesoría te ayuda a tener el circuito claro desde el principio: qué documento emites en cada momento y qué declaras cuándo, para no llevarte sustos con Hacienda.
Preguntas frecuentes
¿La factura proforma tiene validez legal?
Tiene cierta validez jurídica como prueba de que existió una oferta con unas condiciones concretas, pero no tiene validez fiscal ni contable. No es un justificante válido ante Hacienda ni sirve para declarar ingresos o deducir IVA.
¿Tengo que declarar el IVA de una factura proforma?
No. La proforma no devenga IVA porque la operación todavía no se ha realizado a efectos fiscales. El IVA se declara con la factura definitiva. Solo si cobras un anticipo nace la obligación de facturar y declarar por el importe cobrado.
¿Puede mi cliente deducirse el IVA con una factura proforma?
No. Para deducir el IVA soportado, tu cliente necesita la factura definitiva, no la proforma. La proforma es solo informativa.
¿Qué diferencia hay entre una factura proforma y un presupuesto?
Ambos son documentos previos a la venta y sin valor fiscal. La diferencia es de forma: el presupuesto suele ser más informal, mientras que la proforma tiene aspecto de factura, con todos los conceptos e impuestos detallados. Ninguno de los dos sustituye a la factura definitiva.
¿Tengo que convertir siempre una proforma en factura?
Solo si la operación se realiza o cobras un anticipo. Si el cliente no acepta y la venta no se produce, la proforma se queda en una simple oferta sin más consecuencias. Pero si vendes o cobras, estás obligado a emitir la factura real.
Facturar bien no es solo cumplir plazos: es saber qué documento emites en cada momento. Confundir una proforma con una factura puede dejarte una venta sin declarar o un cliente sin poder deducir su IVA. En Dame una Asesoría encontrarás gestorías y asesores fiscales especializados en autónomos y pymes que ordenan tu circuito de facturación, te dicen cuándo emitir cada tipo de documento y se aseguran de que tus declaraciones cuadren.
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